dimanche 30 novembre 2014

Fatal

Cuando Nacho Vegas y Christina Rosenvinge se enamoraron, nosotros también nos enamoramos. YO me enamoré de mi amigo Marc Ferrer. Ahora va a hacer su película y me acuerdo de alguna fotografía que tenemos brindando con un pitillo.

En esa época, yo estaba más loca o más triste que nunca, y era muy vulnerable, y conocí a alguien que me presentó todos los paraísos artificiales que una chica con los pies en la luna y con un pasado mucho menos salvaje del que había soñado deseaba conocer. También me enamoré de ella. El año de Verano Fatal yo era una cría a veces más valiente de lo que soy ahora, a veces mucho más equivocada, que habría dado un brazo entero por asegurar que nunca se alejaría de las que eran sus personas favoritas. Habría perdido la mitad de ese brazo.

Ayer hablaba con Yery de lo inútil que es resistirse a ese cambio. Claro que es inútil. El tiempo está, haciendo mella continua y abriendo heridas. O cerrándolas. Haciéndonos un poco más impermeables, menos vulnerables. A veces me gustaría sentarme cara a cara con esa chica fascinada con la vida y necesitada permanentemente de estímulos. Me gustaría saber si era feliz. Sé que era una insatisfecha, aunque sabía que a su lado sucedía la magia. Hoy sé que a mi lado sucede la magia, pero todo es un poco más recio, un poco más tieso. Y mucho más lento. Las cosas se ponen cada vez un poco más difíciles, y por eso me gusta volver a emocionarme con las mismas canciones que hacían volar historias en mi cabeza hace seis años.



jeudi 15 mai 2014

never boy

¿Y ahora que hemos aprendido a dormir en camas separadas, a no hacer canciones y a no trazar juntos el presente, ahora qué nos va a pasar?


Pero no, nadie ve como nosotros. 


vendredi 25 avril 2014

Cuento de Barcelona


Todos hablaban igual, se movían igual, se vestían igual y follaban igual. Con mucha tontería, sin mucho sentido. Creían ser las caras de una modernidad frívola y divertida, pero en sus casas albergaban las mismas neurosis que sus madres, que de modernas tenían más bien poco. Dentro de todo ese mamarracherío apareció ella. Tan sexy y tradicional, parlanchina, con rasgos de lobo e hija del grunge noventero.  Pensé que no seríamos tan distintas. Si no, nunca me habría fijado en ella.



mercredi 2 avril 2014

La gran belleza

Me emociono, siempre, con los primeros segundos de las Gymnopedies de Satie. Da igual que lo haya oído en miles de películas, cortos de segundo de carrera o en un anuncio de champú. Siempre me conmueve.

Podría acercarse a ser una de mis grandes bellezas.

Cuando vi la Gran Belleza quise vivir en Roma. Luego supe que me cansaría de la ciudad en una media de cuatro años.

Y aumentó mi crisis de los treinta. Y de la nada. Y de la pena y de la nada. Y cómo bailan esos zombies recauchutados y disfrazados de ricos y modernos me recordó, en parte, a mí, o a mí en un futuro. A esa necesidad de no ser mundanos y acabar sumergidos en el vacío cada noche. Incómoda en el aburrimiento, aburrida en el divertimento. Ramona es lo que nos mantiene en vida en esta trayectoria de ciudades que van demasiado rápidas y de ambiciones que en algún momento creímos posibles.



Que mi Ramona no se me vaya lejos, por favor. Quiero seguir compartiendo las vistas de mi habitación contigo. 




mardi 18 février 2014

Me he acordado de una pareja que veía siempre cuando salía del instituto. Eran guapos, universitarios. A ella la recuerdo con vaqueros rotos y a él con melena. Ambos vestían chupa de cuero aunque quizás eso es solo cosa de mi memoria. Cada día, cuando íbamos hacia casa, se enrollaban en el portal de Correos, lo que daba lugar a una broma reiterada y fácil. No se separaban. Eran besos urgentes, post adolescentes y húmedos. Nosotras, en plena edad del pavo insoportable, nos reíamos nerviosas, deseando besar a alguien así, a la salida de clase. Estuvieron así más de un año. Un día, los vimos abrazarse. Él, con el cuerpo prácticamente dormido, se dejaba caer ante ella, que le tocaba el pelo de una forma agresivamente maternal. No volvimos a verlos nunca más.


vendredi 13 décembre 2013

La vida de Adele



Siempre me han gustado las películas que se toman en serio el primer amor. Y, más que nada, el primer desamor. La primera vez que tuve el corazón roto me di cuenta de una cosa terrible: una vez que la tristeza se te apodera ya te ha jodido. Vas a estar bastante tiempo hipotecada a ese dolor y, además, nunca más vas a volver a ser la misma amante (la que ama). La gente dice que es mejor, que así se aprende a ir por la vida, pero a mí siempre me va a parecer muy triste dejar de querer con esa impunidad total con la que te lanzas al primer amor. Intento quitarme la coraza antes de enamorarme y muchas veces lo consigo, aunque acabe con el cuerpo lleno de arañazos, golpes y moratones. También consigo que mi corazón se vuelva a encender.A veces con mucha más fuerza que la primera vez, eso sí es verdad. Me encantó La Vida de Adele. El otro día una macarrucha que curiosamente era una copia mala y fea de Emma dijo que el director se podría haber metido por el culo la segunda parte de la película. Evidentemente, yo no hice ni pestañear y me afiancé en la idea de que no hay nada menos atractivo que la vulgaridad. La segunda parte de La Vida de Adele me emocionó por su verdad. Por esa mano que te rodea la garganta y que aprieta, fuerte.  Por esa necesidad de comerte los dedos de la mujer deseada. Por ese llanto al que nada puede poner fin. Por ese ansia de encontrar alivio en polvos no deseados, en un gramo de cocaína o en un puñetazo en el propio estómago. La Vida de Adele tiene que ser así, tiene que estar rodada así. Debemos acompañar ese rostro durante tres horas, hasta que muta con el nuestro. Me da igual si el rodaje fue tortuoso, si los coños de las chicas son de plástico o si Léa Seydoux es una gilipollas. Me parece que hay muchas formas de llegar a la verdad. Y que cuando un filme hunde su dedo índice en tu mismísimo centro y te hace recordar quién eres tú y cómo amas no hay necesidad de argumento crítico. Lo ha conseguido.

mercredi 10 juillet 2013

En el inicio de Después de mayo Gilles corre por las calles con miedo a que se le escape su juventud. Pienso que así se mueven los personajes de mis películas favoritas. Es como cuando estoy emocionada, cuando me enamoro, que me imagino corriendo por toda la ciudad, a pesar del aire caliente de esta meseta inhabitable.