mercredi 19 mai 2010



Silvia me cuenta historias de una princesa apellidada Moore que el día de su cumpleaños convoca a todas las chicas en su casa, sin camiseta, para poder tocarles las tetas.

vendredi 30 avril 2010

monólogo a cámara número uno

Hoy leía que Andy Warhol dice que casi todo acto sexual implica una forma de nostalgia de algo, que el sexo es una nostalgia de cuando lo deseabas, que el sexo es nostalgia del sexo. Lo leí y, evidentemente, pensé en ti. Y te eché de menos. Eché de menos mi cara de imbécil y cuando nos gritábamos y nos sentíamos autodestructivas y espléndidas. Después pensé en cada polvo de reencuentro que fue una puñalada directa, y todos los días de después, desnuda y tirada en la calle, sin ningunas ganas de levantarme y salir corriendo. Me acordé del olor a sexo y lágrimas en tu cama, el olor al que fui adicta durante demasiado tiempo. Me acordé de todas las noches en las que hice guardia en tu portal. Me acordé de cuando me volví loca, cuando nos volvimos todos locos, como la chica de Hiroshima mon amour que se vuelve loca en Nevers y chupa y muerde las paredes para lamer la sangre de su amante muerto. Y del “me has roto demasiadas veces el corazón. Te he roto demasiadas veces el corazón. Adiós. Te quiero”. Me acordé de cada día la misma historia. De no saber quién coño era yo. Me acordé de cuando me viste y no fuiste capaz de mirarme a los ojos. De que nunca has sido muy valiente. De lo que hemos aprendido en todo este tiempo, a mentir, a mostrar debilidad, a morir y a matar. Y de todo lo que no hemos aprendido. De que yo ya no sé quien eres y no sé nada de ti. De que fuiste una verdadera imbécil, de que casi se me olvida lo de volver a creer en chicas que se parecen a James Dean y te rescatan con una vespa vieja y negra . Me he acordado de que ahora era el momento de pintarse los ojos, de tener mala fama, de tener pájaros y monstruos en la cabeza, de que me digan joder, me encantas, de dónde has salido.

lundi 19 avril 2010

El corazón manda


A T. le hacen una mamada y le cae confeti o, directamente, cereales de colores por la cara. T imagina el paraíso, vestida de chapero guapísimo, toda la noche por delante, subida en un coche y los cables de la línea de teléfono. Chicas, chicas, sudor, chocolatinas, colorines, plástico y cristal.

El corazón manda, escucho "So sorry" de Feist y pienso que sobrevivió a mi jodido corazón roto y que entonces el corazón manda y que es una buena banda sonora para hoy 19 de abril a las 12:54 horas. Y, joder, como hemos aprendido en todos estos años a mentir y a ser fuertes y a mostrar debilidad. A matar y a crear monstruos de seis, diez o doce brazos.


mardi 13 avril 2010

la química, las hormonas, la temperatura y las chicas que se pierden en la noche.

TODO NOS PARECE UNA MIERDA.

yo también necesito esperar en la cueva.

mardi 23 mars 2010


EL MENTIROSO


Quisiera decir la verdad. Adoro la verdad. Pero ella no me quiere a mí. He aquí la sincera verdad: la verdad no me quiere. Aún no la he pronunciado cuando muda el rostro y se enfrenta conmigo. Tengo aspecto de mentiroso y todos me miran con desconfianza. No obstante soy sencillo y no me gusta en absoluto la mentira. Lo juro. La mentira siempre acarrea molestias espantosas. Uno se enreda los pies, tropieza, cae y todos se ríen de ti. Cuando me preguntan cualquier cosa quiero decir lo que pienso, quiero responder la verdad. Pero entonces no sé qué me pasa: siento angustia y temor, me da miedo hacer el ridículo y entonces miento: Miento. Así mismo. Ya es demasiado tarde para echarse atrás. Y una vez tienes el pie metido en la mentira, ya no puedes dejar de ir hasta el final. Y eso no es nada cómodo, os lo juro. ¡Es tan fácil decir la verdad! Es un lujo de gandules: uno está seguro de que no meterá la pata más tarde y se evita complicaciones. Sí, uno puede tener complicaciones en un instante cualquiera, de un momento a otro, pero las cosas se solucionan rápido. La mentira no es una caída en picado, es una montaña rusa que te eleva y te corta la respiración, que te detiene el corazón y te lo sube a la garganta. Si amo, digo que no amo. Y si no amo, digo que amo. Ya os podéis imaginar como continúa la cosa... Valdría más pegarse un tiro en la sien y acabar de una vez…¡Imposible! Ya puedo sermonearme, plantarme delante del espejo del armario y repetirme: no volverás a mentir. Miento. Miento. Miento. Miento en las pequeñas cosas y en las grandes. Y si alguna vez, por azar o sorpresa, sucede que digo la verdad, esa misma verdad me planta cara, se retuerce, se encoge, hace muecas y se convierte en una mentira. Los más pequeños detalles se alían contra mí y demuestran que he mentido. Y no es que sea cobarde. Soy de los que siempre saben qué responder e imagina qué golpes hay que dar. Pero todo es tratarme de mentiroso para que me lo trague, me paralice y me quede callado. Podría contestar: ¡Sois vosotros los que mentís! Pero no me veo con coraje. Dejo que me injurien y reviento de rabia. Y es esta rabia acumulada, que me inunda, la que me hace odiar.
Y no soy mala persona. Incluso diría que soy bueno. Pero sólo es necesario que alguien me trate de mentiroso para que la rabia me ciegue. Y sé que tienen razón. Y que merezco los insultos. Pero así están las cosas: yo no quisiera mentir. Y no soporto que no se entienda que explicar mentiras no me gusta y que el demonio me empuja a hacerlo. ¡Cambiaré! De hecho, ¡ya he cambiado! No volveré a contar mentiras. Encontraré una manera de no mentir más, para no vivir más en el desorden espantoso de la mentira. Me curaré. Saldré de ésta. Y por si no queda claro, os doy la prueba de ello: aquí mismo, en público, me estoy acusando de mis delitos y exhibo mi vicio. Y no creáis que me gusta exhibir mi vicio y que el colmo de mi vicio sea esta misma franqueza. No, no. Me avergüenza. Detesto mis mentiras e iría al fin del mundo antes de verme obligado a cofesarlas.



Jean Cocteau

lundi 22 mars 2010

al final siempre gano




marc,
esa para ti