Hoy he vuelto a dormir con Marc, Anna ha hecho un complot para que no tuviéramos internet durante todo el día y así pudieramos limpiar el pisito, hacer bricolaje, redecorar nuestras vidas y para que, en vez de psicopatear en facebook, yo dedicara mi tarde a escribir la mitad del guion de un corto. Dos chicas y una ruptura, todo va de eso, y de todas las historias que se empiezan a narrar por el final. Estoy triste. Y me apetece escuchar a Nacho Vegas, a Micah P. Hinson y a otros tristes. Siempre cuento la misma historia. Ayer Nerea me dijo que la tristeza es como la felicidad, que no dura siempre, y eso me mantiene con un ojo abierto. Tengo miedo y sé que me quedan nuevos fantasmas, idénticas estrategias y que esto sólo es el principio. Adiós, te quiero.